Historia de la República de Cuba

La Dictadura de Gerardo Machado

El ascenso de Gerardo Machado a la presidencia en 1925 representó la alternativa de la oligarquía frente a la crisis latente. El nuevo régimen intentó conciliar en su programa económico los intereses de los distintos sectores de la burguesía nacional y el capital estadounidense, ofreciendo garantías de estabilidad a las capas medias y nuevos empleos a las clases populares, todo ello combinado con una selectiva pero feroz represión contra adversarios políticos y movimientos opositores.

Bajo esta aureola de eficiencia administrativa, el gobierno intentó poner coto a las pugnas de los partidos tradicionales, pero después se fue creando descontento entre los partidos. Con ese consenso inicial logrado, Machado decidió reformar la constitución para permanecer en el poder por seis años.

Machado gobernó con una política represiva, materializada en encarcelamientos y torturas. Fueron asesinados, entre otros, los líderes Alfredo López y Julio Antonio Mella. Se ilegalizó la CNOC y persiguió al movimiento revolucionario.

En este contexto, se fue conformando una crisis generalizada, incrementada por la Gran Depresión entre 1929 y 1933, cuyos efectos en Cuba agravaron la situación existente, generando una situación revolucionaria. Casi todas las facciones de la sociedad se organizaron para hacer frente a Machado, abarcando un amplio espectro político.

El 20 de marzo de 1930 se realizó una huelga general en la que participaron doscientos mil obreros bajo la consigna “¡Abajo Machado!”. Esta huelga es considerada el inicio de la revolución antimachadista junto con la Tángana estudiantil de septiembre de 1933 que culminaron en agosto de 1933 con otra huelga general. Como resultado de estas presiones, el 12 de agosto de 1933, Machado huyó del país.

 

La Revolución del Treinta y el retorno a la democracia

La mediación del embajador estadounidense Sumner Welles no pudo evitar la caída de Machado pero sí impidió el triunfo popular: Welles le sale al paso a la huelga y apoyado por el ABC e impone como presidente a Carlos Manuel de Céspedes (hijo) que gobernará del 13 de agosto de 1933 al 4 de septiembre de 1933.

El 4 de septiembre de 1933 mediante un Golpe de Estado, el sargento Fulgencio Batista destituye a Céspedes. Esta sublevación tiene el apoyo del Directorio Estudiantil y Batista se convierte en Jefe del Ejército con el grado de coronel. Este Golpe de Estado crea el Gobierno de la Pentarquía que durará apenas 6 días desde el 4 hasta 10 de septiembre de 1933. Bajo la autoridad del Directorio Estudiantil y Batista, la pentarquía se transformó en el gobierno de los Cien Días.

Este gobierno de los Cien Días, encabezado por Ramón Grau como Presidente y Antonio Guiteras como Secretario de Gobernación, critica y se opone a la Enmienda Platt y toma medidas de marcado carácter popular. Este Gobierno a pesar del gran apoyo popular fracasó el 15 de enero de 1934 debido a la oposición del Partido Socialista Popular y tampoco fue reconocido por Estados Unidos.

Durante todo este período de 1935-1936 se sustenta una fragilidad política que se materializa en la toma de poder de tres presidentes en dos años, también se mantiene la política militarista y represiva de Batista como Jefe del Ejército. Se moderniza el Ejército y las técnicas represivas, es ahogada en sangre la huelga general de marzo de 1935.

 

La Constitución de 1940

Sucedido este por el Período 1937-1945 de marcada estabilidad política grandes cambios democráticos en el país. Entre estos cambios se manifiestan la amnistía general para los presos políticos, mediante la cual fueron liberados 3.000 personas en el año 1937, la legalización de Partidos de oposición, el restablecimiento de la Autonomía Universitaria en 1939 y fundamentalmente la convocatoria a una Asamblea Constituyente en 1939 que aprobó y redactó la Constitución de 1940.

El 10 de octubre de 1940 entró en vigor la Constitución de 1940, confeccionada con la intervención de todos los sectores políticos del país. La Convención Constituyente estuvo integrada por 76 delegados representando a 9 partidos políticos. Con esta nueva Carta Magna, que recogía importantes reivindicaciones populares, se abrió un nuevo período de legalidad institucional, fue ésta una de las Constituciones más avanzadas de su época.

El primer gobierno de esta etapa estuvo presidido por Fulgencio Batista, cuya candidatura había sido respaldada por una coalición de fuerzas en la que participaban los comunistas.

Durante el gobierno de Batista, la situación económica experimento una mejoría propiciada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial, coyuntura que beneficiaría aún más al sucesor, Ramón Grau San Martín, quien resultó electo en 1944 gracias al amplio respaldo popular que le granjearon las medidas nacionalistas y democráticas dictadas durante su anterior gobierno.

Sin embargo ni Grau, ni Carlos Prío Socarrás (1948-1952) —ambos líderes del Partido Revolucionario Cubano Auténtico—, fueron capaces de aprovechar las favorables condiciones económicas de sus respectivos mandatos.

Ambos Gobiernos se caracterizaron por la represión política con sucesivos asesinatos de líderes opositores como los dirigentes obreros Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias, aplicando una fuerte censura de prensa mediante el decreto “Mordaza” y fomentando la creación de grupos gansteriles que controlan el negocio de la droga, la prostitución y los juegos prohibidos.

Algunos militantes del Partido Auténtico, descontentos con la línea de los gobiernos auténticos, fundan en 1947 bajo la dirección de Eduardo Chibás el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) como desprendimiento del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico). El Partido Ortodoxo promete cumplir las promesas traicionadas por los auténticos, el carisma de Chibás fue decisivo en la aceptación del pueblo.